El mito de Orfeo y Eurídice es una bella historia de la antigua mitología griega que trata sobre una hermosa pareja de un talentoso músico y una preciosa ninfa del bosque.

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Orfeo, un talentoso músico

Orfeo es conocido por ser el músico con más talento de la Antigüedad. Se dice que Apolo es su padre, de quien heredó ese inmenso talento en la música. Él vivía en Tracia, al noreste de Grecia. Orfeo tenía una voz con un don divino que podía encantar a todo el que la oyese. Cuando se le dio por primera vez una lira de pequeño, la dominó a la perfección de inmediato. El mito cuenta que ningún dios o mortal podía resistir su música e incluso las rocas y los árboles se movían para estar a su alrededor.

De acuerdo a algunos antiguos escritos, se dice que Orfeo enseñó la agricultura, la escritura y la medicina a la humanidad. También se le atribuye el hecho de haber sido astrólogo, un oráculo y fundador de muchos ritos místicos. La extraña y extática música de Orfeo intrigaba las mentes de la gente a las cosas sobrenaturales y tenía el poder de ampliar la mente a nuevas teorías inusuales.

Sin embargo, aparte de su talento musical, Orfeo también tenía un carácter aventurero. Se dice que tomó parte en la expedición Argonáutica, donde su música tomó un papel vital.

Amor a primera vista

Orfeo pasó muchos años de su juventud en la persecución idílica de la música y la poesía. Su habilidad había sobrepasado con creces la fama y el respeto de su música. Tanto humanos como bestias eran encantados por ella y a menudo los entes inertes también se mostraban a su alrededor. Fue en una de estas reuniones con humanos y bestias donde sus ojos se fijaron en una ninfa del bosque. La chica se llamaba Eurídice, ella era hermosa y tímida. Ella se vio inmensamente atraída por Orfeo debido a su voz y tal era el encanto de su música que ninguno de los dos podía dejar de mirarse el uno al otro. Algo inexplicable unió los corazones de estos jóvenes y pronto se enamoraron, siendo incapaces de pasar un momento separados. Después de un tiempo, decidieron casarse.

La picadura de serpiente

Sin embargo, pronto se torcerían sus vidas. Había un hombre que estaba menospreciando a Orfeo y deseaba tener a Eurídice para él. Aristeo, un pastor, había urdido un plan para conquistar a la bella ninfa. Y ahí se encontraba, esperando en los arbustos a que la joven pareja pasase cerca. Viendo que se aproximaban, su intención fue asaltarlos y matar a Orfeo. Cuando el pastor lo intentó, Orfeo tomó la mano de Eurídice y empezaron a correr por el bosque.

La persecución fue larga y Aristeo no mostró ninguna señal de rendirse. Siguieron corriendo y, de repente, Orfeo sintió a Eurídice tropezar y caerse, soltándose de su mano. Incapaz de comprender lo que acababa de suceder, corrió a su lado pero se detuvo consternado, sus ojos percibieron la palidez mortal que inundaba sus mejilla. Mirando alrededor, no encontró rastro del pastor ya que Aristeo, al presenciar el suceso, se marchó. A unos pasos de distancia, Eurídice había pisado un nido de serpientes y había sido picada por una víbora mortal. Sabiendo que no había opciones de supervivencia, Aristeo abandonó su intento, maldiciendo su suerte y a Orfeo.

Un plan sobrenatural

Tras la muerte de su tan amada esposa, Orfeo no volvió a ser la persona despreocupada que era. Su vida sin Eurídice parecía no tener fin y sin ninguna otra cosa que hacer que lamentar su muerte. Aquí fue cuando se le ocurrió una gran idea, aunque descabellada: decidió ir al Inframundo para intentar traer de vuelta a su esposa. Apolo, su padre, habló con Hades, el dios del Inframundo, para que lo aceptase y escuchase su súplica.

Estaba totalmente dispuesto a bajar al Inframundo y traer de vuelta a Eurídice y se dijo a sí mismo:

Con mi música
Hechizaré a la hija de Deméter,
Hechizaré al Señor de los Muertos,
Conmoviendo sus corazones con mi melodía.
La conseguiré sacar del Inframundo.

Armado con sus armas, la lira y su voz, Orfeo se acercó a Hades y pidió la entrada al Inframundo. Nadie lo desafió. De pie frente al gobernador de los muertos, Orfeo dijo por qué se encontraba allí, en una voz meliflua y a la vez inquietante. Tocó su lira y cantó para que el Rey Hades y la Reina Perséfone les devolviesen a su esposa Eurídice. Ni siquiera la persona o el dios más cruel podría haber negado lo dolida que sonaba su voz.

Pintura sobre el mito de Orfeo y Eurídice
Orfeo y Eurídice a orillas del Estigia, 1878

Hades lloró, el corazón de Perséfone se derritió e incluso Cerbero (el gigante perro de tres cabezas que hace guardia a la entrada del Inframundo) se cubrió sus orejas con sus patas y aulló desesperado. La voz de Orfeo era tan conmovedora que Hades prometió a este hombre desesperado que Eurídice lo seguiría hasta el mundo de la superficie, el mundo de los vivos. Sin embargo, advirtió a Orfeo que por ningún motivo debía mirar atrás mientras su esposa se encontrase aún en la oscuridad, ya que esto supondría el retorno de su esposa al Inframundo para siempre. Él debía esperar a que Eurídice entrase en la luz antes de poder mirarla.

Con una gran fe en su corazón y alegría en su canción, Orfeo comenzó su salida del Inframundo, contento por tener la oportunidad de reencontrarse con su amor. Cuando Orfeo se aproximaba a la salida del Inframundo, podía oír las pisadas de su esposa acercándose a él. Él quería voltearse y abrazarla de inmediato pero consiguió controlar sus sentimientos. Su corazón latía cada vez más rápido a medida que se acercaban a la salida. En el momento que él puso un pie en el mundo de los vivos, se volteó para abrazar a su esposa. Por desgracia, solo vio a su esposa un instante antes de que fuera devuelta de nuevo al Inframundo.

Cuando él se volteó, Eurídice se encontraba aún en la oscuridad, no había visto el sol y, como Hades le advirtió, su dulce esposa fue devuelta nuevamente al oscuro mundo de los muertos. La angustia y la desesperación lo invadieron y con inmenso dolor se acercó de nuevo al Inframundo pero esta vez le fue denegada la entrada, las puertas se encontraban cerradas y el dios Hermes, enviado por Zeus, no le dejaba entrar.

La muerte de Orfeo

Desde este momento, el desolado músico vagaba desorientado cada día y cada noche en absoluta desesperación. No encontraba consuelo con nada. Su mala suerte lo atormentó, forzándolo a evitar cualquier contacto con otra mujer y lentamente se vio rechazando completamente su compañía. Sus canciones ya no eran alegres sino extremadamente tristes. Su único consuelo era tumbarse sobre una gran roca y sentir la caricia de la brisa, siendo el firmamento su única visión.

Se encontró con un grupo de mujeres enfadadas, furiosas por el rechazo que él les daba. Orfeo estaba tan desesperado que ni siquiera intentó evitar sus avances. Las mujeres lo mataron, lo descuartizaron y lo lanzaron al río junto a su lira. Se dice que su cabeza y su lira flotaron por el río hasta la isla de Lesbos. Allí las Musas lo encontraron y dieron a Orfeo un funeral digno. La gente creía que su tumba emanaba música, dolorida aunque hermosa. Su alma descendió al Hades (Inframundo) donde finalmente se reencontró con su amada Eurídice.

Resumen

¿Qué pasa en Orfeo y Eurídice?

Orfeo y Eurídice son figuras de la antigua mitología griega. Cuando Eurídice muere trágicamente de una picadura de serpiente, Orfeo viaja al Inframundo para ganarla de vuelta. Hades le dice que si puede caminar hacia el mundo de la superficie sin mirar atrás a Eurídice, entonces ella volverá con él.

  • El matrimonio de Orfeo y Eurídice estaba condenado desde su inicio. Himeneo, el dios griego del matrimonio, no bendice su casamiento, y Eurídice muere un poco más tarde mientras huía de un pretendiente insistente.
  • Devastado, Orfeo viaja al Inframundo para traer a Eurídice de vuelta a la vida. Hades llega a un acuerdo con Orfeo: si puede realizar todo el camino de vuelta hacia el mundo de la superficie sin mirar atrás a Eurídice, ella podrá volver al mundo de los vivos. Orfeo fracasa en su intento.
  • Un día, un grupo de doncellas tracias cautivadas por un rito bacanal arrancan las extremidades de Orfeo. Él es enviado al Inframundo, donde él y Eurídice quedarán para siempre

Otros mitos griegos

Fuentes

  • Mead, George Robert Stow. Orpheus. Theosophical Publishing Society, 1896.
  • Hamilton, Edith. Mythology. 1942.